LOS CRUZADOS DEL CORAZÓN INMACULADO

LA REVOLUCIÓN ANTIMARIANA: PARTE II

De la “Nueva Teología” a la “Nueva Mariología”

(Sí, si, No, no, año XXXIX N° 10) Extracto.

El espíritu anti Mariano del Concilio

Alrededor de 600 obispos en su “voto” y “consilia” pidieron a la Comisión ante-preparatoria (25 de enero de 1959 al 5 de junio de 1960) del concilio Vaticano II, una particular atención al tema mariológico y especialmente a la Corredención subordinada de María Dispensadora de todas las gracias[i].

En 1962, la Comisión preparatoria (5 de junio de 1960-11 de octubre de 1962), presentó el 1er esquema mariano titulado De B. M. V. Matre Dei et Matre hominum” elaborado por el P. Balic y el P. Tromp.

En la fase conciliar (11 de octubre de 1962 – 8 de diciembre de 1965) y precisamente el 29 de octubre de 1963, el cardenal König se pronunció contra el documento “De B.M.V” pidiendo que se incluyera en el esquema “De Ecclesia” como un simple “Apéndice”, anulando así el voto expreso del episcopado mundial en la vigilia del Concilio.

El 18 de septiembre de 1964, los cardenales Frings, Döpfner y Alfrink apoyaron la tesis eclesiotópica antimariana de König[ii].

El Card. Frings subrayó en una conferencia en Génova la tensión manifestada en el concilio entre el “movimiento litúrgico” y el movimiento mariano, y con una salida sorprendente para un príncipe de la Iglesia, estableció la siguiente distinción-oposición: “La devoción litúrgica es objetiva y sacramental; y la devoción mariana es subjetiva y personal: la devoción litúrgica se guía por el principio: Al Padre a través de Cristo: la devoción Mariana: a Jesús a través de María[iii].

Distinción teológicamente infundada pues la devoción mariana es absolutamente objetiva y no se funda en el sentimiento o en la emoción personal, aunque no sea sacramental: el misterio de Nuestra Señora fue parte de la Revelación, y la devoción mariana es absolutamente dogmática y objetiva, como la devoción litúrgica. Distinción-oposición muy poco fundada porque la celebración del privilegio mariano está contenida en la liturgia.

Más honestamente, el Card. Frings E. Fouilloux ha indicado en el ecumenismo la causa verdadera del espíritu antimariano del Concilio: “El movimiento mariano busca desarrollar la originalidad católica frente al mundo exterior, mientras que el movimiento de “aggiornamento” busca volver a las fuentes del cristianismo para mejor responder a las expectativas de la modernidad…”[iv]. En realidad, el movimiento litúrgico ante cuyas desviaciones Pio XII escribió Mediator Dei, alarmado por algunos obispos alemanes, tendía a reducir las diferencias con los protestantes; mientras que el movimiento mariano, teniendo sus raíces en los Países latinos, aumentaba las diferencias con los considerados “hermanos separados”.

Desgraciadamente el espíritu antimariano de la “nueva teología” triunfó en el concilio y se acrecentó en el posconcilio con grave daño de la espiritualidad católica.

En los ambientes conservadores, se quiere fijar el inicio de la crisis “a partir del concilio”. Pero no se ha fijado la causa eficiente de esta crisis que es lo único que importa. La causa es el mismo concilio y su aplicación. Pero hubo un acontecimiento que marcó el fracaso del concilio y que sobrecogió a todo el mundo católico: fue la negativa de Juan XXIII de dar a conocer el Secreto de Fátima que debía ser publicado en 1960. Todos sabemos que la historia del siglo XX no ha sido más que el cumplimiento de lo anunciado por la Santísima Virgen María en Fátima, por lo que su mensaje era esperado con ansias por el pueblo fiel. En vez de dárnoslo a conocer, se nos invita a un inesperado concilio. Se prefirió la voz de los hombres a la voz que bajaba del Cielo. Desaire igual jamás se había hecho a nuestra Madre celestial.

Desgraciadamente el espíritu antimariano de la “nueva teología” triunfó en el Concilio y se ha ampliado en el posconcilio con grave daño a la espiritualidad católica.

A Sor Lucía de Fátima, Nuestra Señora pidió a difundir la práctica de la reparación de los cinco primeros sábados del mes (10 de diciembre 1925). Y, puesto que el confesor quería saber por qué cinco sábados y no nueve o siete, el 29 de mayo Nuestro Señor le responde: “Hija mía, la razón es simple. Hay cinco tipos de ofensas y blasfemias cometidas contra el Inmaculado Corazón de María: 1) ‘Blasfemias contra la Inmaculada Concepción. 2) Blasfemias contra Su Virginidad Perpetua. 3) Blasfemias contra Su Divina Maternidad al rechazar, al mismo tiempo, reconocerla como la Madre de los hombres. 4) Las blasfemias de aquellos que tratan de sembrar públicamente en los corazones de los niños indiferencia o desprecio, o aun odio por esta Madre Inmaculada. 5) Las ofensas de aquellos que la ultrajan directamente en Sus Santas imágenes”.

Lo que es más grave es que en 1930 nuestro Señor no se refería sólo a los herejes y cismáticos separados de la Iglesia, sino a teólogos, sacerdotes y obispos neomodernistas de la Iglesia Católica. Nosotros lo hemos podido constatar y lo constatamos todavía. En 1980 el P.  Richard (nota: no es un tradicionalista) hizo hincapié en la naturaleza profética de esta revelación: “¿Quién hubiera podido imaginar hace cincuenta años que estas cinco grandes ofensas a María se habrían extendido entre el clero de la misma Iglesia católica y que un gran número de niños bautizados y catequizados no sepan recitar tampoco el Ave María? (L’Homme nouveau, 2 marzo 1980, p. 20, cit. Toute la vérité sur Fatima, vol. II.)

 

[i] . (Acta et documenta Conc. Oecum. Vat. II apparando. Series I [Antepraeparatoria], Città del Vaticano, Tipys Poliglottis Vaticanis, 1960-1961, 4 voll. suddivisi in 16 tomi, Appendix, 1960, vol. II, pars I, pp. 131-142).

[ii] (cfr. S. De Fiores, Nuovo Dizionario di Mariologia, Cinisello Balsamo, 2009, voce “Conc. V. II”, pp. 309-310).

[iii] (Card. Frings, Le Concile e la pensée moderne, en Documentation catholique, 18-2-1962)

[iv] (Etienne Fouillot, Mouvements théologico–spirituels et Concile ne A la veille de Vatican II, Lovanio 1992)

 

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