LOS CRUZADOS DEL CORAZÓN INMACULADO

MARÍA SANTÍSIMA, REINA DE LA CONTRARREVOLUCIÓN.

Frente al incendio revolucionario universal y totalitario, se alza la Contrarrevolución que, como dice Joseph de Maistre, no es una revolución en sentido contrario, sino lo contrario de la Revolución. La Contrarrevolución es un movimiento universal que quiere basar todo el orden, tanto espiritual como temporal, tanto social como individual, en la conformidad a la voluntad de Dios.

El hombre se sujeta a la ley divina y esa sujeción es la fuente fecunda de la más excelsa de las civilizaciones que toca construir, aun cuando nos encontremos acorralados por el poderío de las fuerzas del mal. El Rey Pelayo emprendió la reconquista de España cuando solo le quedaba un palmo de territorio y un puñado de soldados.

Como se ve, esta restauración es obra esencialmente religiosa, si bien abarca los más variados planos del quehacer humano. Y, al contrario del grito luciferino non serviam que adoptaron los revolucionarios, debe tener por lema: He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra que pronunció Nuestra Señora al escuchar la salutación angélica. Es tal la grandeza de la respuesta humilde de María, que nos parecen muy acertadas las palabras de un predicador contemporáneo, al afirmar que aventaja en importancia al mismo “fiat” de la Creación, pues allí, con su “hágase”, Dios Nuestro Señor creó los cielos, la tierra, los ángeles, los hombres, las cosas animadas e inanimadas, todo lo cual se empequeñece ante la inmensidad de la Encarnación, que es la consecuencia inmediata del “fiat” de Nuestra Señora.

El fiat de los cristianos a la voluntad de Dios, debe engendrar la única civilización digna de este nombre, la civilización católica. Para esto es menester ir a María, rezar el Rosario y conformarse con la Ley divina.

No es con la constante afirmación de unos pretendidos derechos humanos que se eleva el hombre, sino siguiendo el camino de la Cruz. El Santo Evangelio nos enseña la vía de la humildad y la pureza, virtudes de María, contra las cuales mueve Satanás la guerra religiosa de la Revolución anticristiana.

Todas las épocas cristianas han sido marianas, más la actual debe serlo especialmente. Dios lo quiere de un modo manifiesto. La Reina de los Cielos manifestó a Lucía en Fátima: “Jesús quiere servirse de ti para hacerme conocer y amar. Para salvarlas (las almas de los pobres pecadores), Dios quiere establecer en el mundo la devoción a mi Inmaculado Corazón”. Estas frases sencillas muestran hasta qué punto es fundamental que se arraigue firmemente esta devoción salvadora. Como en las Cruzadas, podemos decir: ¡DIOS LO QUIERE! ¡Que se consagren al Inmaculado Corazón de María los hombres, las familias, las naciones! ¡Que se rece el Rosario incansablemente para obtener de Dios la Consagración de Rusia!

En 1917 se produjeron los dos acontecimientos de mayor significado histórico de nuestro siglo: El mensaje del Cielo, que nos infunde esperanza, y la tentativa del infierno –por medio de la Revolución de Octubre- de edificar una sociedad comunista, tentativa condenada al fracaso por más éxitos temporales que coseche, pues dicho está por Aquella que todo lo puede ante el Altísimo y cuya palabra siempre se cumple:

“Al fin, mi Corazón Inmaculado Triunfará”

Tomado (parcialmente) de Roma Aeterna N° 109.

Sólo faltan tres personas para completar el Grupo de Rosario Perpetuo Nuestra Señora de Guadalupe. ¡Unase a los Cruzados! ¡Oremos unidos en el Corazón Inmaculado de María!

 

 

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